Ella y él

Él dormía en pijama. Ella prefería dormir desnuda. Él se levantaba una hora y media antes de entrar trabajar, se duchaba, se vestía impecable, desayunaba y después cogía su coche. Ella se levantaba con diez minutos de antelación, se metía a la ducha, se ponía lo primero que pillase y dejaba que el viento secase su pelo mientras iba en su bicicleta de paseo.

Él soportaba una gran presión, hacía unas cincuenta llamadas al día, recibía dos o tres gritos de su jefe y hacía la pelota a los clientes. Tenía que hacerlo. A ella le encantaba su trabajo.

Él llegó a casa, dejó el maletín en el recibidor y guardó cuidadosamente sus zapatos. Ella, al llegar, se quitó los zapatos lanzándolos al aire, se desnudó, se plantó un moño y se puso su camiseta de los Rolling.

Él leía un periódico de economía y otro de deportes sentado en su butaca de cuero. Ella leía una novela tirada en la alfombra, al calor de la chimenea. La casa de él estaba impoluta. Ella ni si quiera hacía la cama.

A él le llamó un amigo para quedar. Dijo que estaba cansado pero su amigo le acabó convenciendo tras mucho insistir. A ella le llamó una amiga y no se lo pensó dos veces.

Él se probó dos pantalones y tres camisas y puso betún a sus zapatos. Ella rebuscó en su montón de ropa, se puso el primer vestido que vio y unos zapatos de once centímetros de tacón, para variar un poco.

Él cogió su tarjeta de crédito. Ella cogió cinco euros y se los metió en el sujetador, esperando a que cualquier tonto con dinero la invitara como de costumbre.

Él y ella fueron a la misma discoteca, sus amigos se conocían y les presentaron. Y él se quedó prendado. Pasó dos horas intentando causarle una buena impresión, ensayaba mentalmente cada frase antes de pronunciarla para acabar diciéndoselas tartamudeando. Ella le propuso bailar. Él aceptó, qué remedio. Ella se movía con gracia a pesar de sus tacones. Él parecía fuera de lugar. Ella dejo caer que le apetecería tomarse un ron-cola. Él la invitó, como ella esperaba. Tras una copa vino otra.

CCt3XcIW0AEwm61

Amaneció. Estaban en la misma cama. Ella se fue rápidamente, pues pensaba que era una tontería alargarlo más. Él se quedó con las ganas de que desayunaran juntos y charlaran; se pasó todo el día pensando en que tenían que volver a quedar. Quería llamarla pero no quería parecer un desesperado. Buscó las palabras apropiadas para parecer despreocupado cuando la llamara. Tuvo la estúpida visión de ellos dentro de cinco años y un par de críos con los mismos ojos grandes de ella. Y se vio sonriendo frente al espejo con cara de idiota integral. Ella era más de dejar que las cosas pasaran sin más.

Él la llamó pero el pánico lo invadió y colgó. Ella, acostumbrada se rió y pensó: ¡qué mono!. Él no pudo irse a la cama sin probar suerte y volver a llamar. Quedaron el jueves a las ocho. Él planeó esa cita durante toda la semana. Ella la apuntó en su agenda, porque sabía que si no, no se acordaría.

Eran dos mundos opuestos. A él le gustaba el Real Madrid, los descapotables, las vacaciones en la playa, los planes. A ella le gustaba todo aquello lo que le hiciera feliz en aquel momento, dejarse llevar.

La cita podía ser la primera y la última debido a un rotundo fracaso. O podían convertirse en la balanza perfectamente equilibrada; él sería el día y ella la noche… y podían vivir en un eterno atardecer. El lo tenía claro. Ahora todo dependía de ella.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s