Lecciones

Templo de Debod
Templo de Debod | Fotografía realizada por mi

He aprendido que, a veces, la mejor respuesta a una pregunta es otra pregunta. También, he aprendido que la línea que separa un sí y un no es más fina que el hilo de los cirujanos. Sé que el amor lo puede todo, pero que, a veces, sólo con amor no basta. Y que en las noches de verano es mejor dormir en el suelo que en la cama.

He comprobado que nadie puede dañarte tanto como tus propios pensamientos. Que los celos y la rabia son mucho peor que la tristeza, pero que, sin duda, el peor sentimiento es el miedo. Puedo afirmar que sabes que has superado algo cuando eres capaz de reírte de ello, pero reírte de verdad. Que ser diferente puede ser tanto una desgracia como un privilegio, dependiendo de cómo lo afrontes.

Confirmo que, aunque tropecemos dos, tres y hasta diez veces con la misma piedra, cuando aprendemos realmente la lección, no volvemos a tropezar nunca más. Que quien de verdad te busca, te encuentra. Y que quien no te encuentra es porque nunca te buscó. Que quien te entiende jamás te pedirá una explicación. Que a veces es mejor pedir perdón que pedir permiso. Que, en el fondo, aunque abunde el “cada loco con su tema”, a todos nos preocupan las mismas cosas. Y que esas cosas tienen la importancia que le queramos dar. He comprendido que todo, y cuando digo todo es todo, depende de los ojos con que se mire y del corazón con que se sienta. Porque no todo es tan bueno ni tan malo como nos pueda llegar a parecer en un principio.

 

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